"Historias para quienes sienten el llamado del alma."
Hoy quiero compartir contigo una de las experiencias más profundas que he vivido en mi camino espiritual. La revelación de Las Tres Madres Divinas transformó por completo mi manera de comprender el Sagrado Femenino y la forma en que el Amor se manifiesta en nuestras vidas. que se despertó en MÍ, EN mis viajes a Avalon
Hubo un momento de mi vida en el que mi espiritualidad miraba siempre hacia arriba.
Cuando rezaba, cuando meditaba, cuando buscaba respuestas… mi mirada interior se elevaba, como si Dios habitara únicamente en el cielo.
«Padre nuestro que estás en los cielos…»
Y allí encontraba refugio.
Curiosamente, nunca necesité religiones ni intermediarios para sentir esa conexión. Siempre viví la espiritualidad como algo profundamente personal, un diálogo silencioso entre mi alma y lo Divino.
Recuerdo que, cuando era niña, si alguien me preguntaba qué quería ser de mayor, respondía dos cosas que parecían no tener ninguna relación.
Quería ser monja…
O física cuántica.
Ahora me hace sonreír.
Quién me iba a decir que, con los años, aquellas dos llamadas terminarían encontrándose en un mismo camino: el de comprender el misterio de la vida desde la espiritualidad.
Desde pequeña me sucedían experiencias que no sabía explicar. Intuiciones. Sueños. Sensaciones. Imágenes que aparecían sin buscarlas.
Con el tiempo comprendí que muchas de ellas eran como pequeñas ventanas hacia posibilidades futuras. Yo las llamo inspiración.
No me gusta hablar de “canalizaciones”. Quizá algún día te cuente por qué.
Pero hoy quiero compartir contigo uno de los regalos más grandes que he recibido.
El día en que descubrí el Sagrado Femenino.
Fue entonces cuando mi espiritualidad dejó de mirar hacia arriba… y comenzó a mirar hacia dentro.
Es curioso.
Durante años levantaba la cabeza y abría las manos hacia el cielo buscando a Dios.
Hasta que un día me rendí.
Mi cabeza descendió suavemente.
Mis ojos encontraron mi corazón.
Y mis manos se unieron sobre él.
Aquel gesto cambió mi manera de vivir la espiritualidad para siempre.
Todo ocurrió durante una meditación muy profunda.
En realidad, buscábamos el origen de una herida emocional.
Pero, en lugar de llevarme al dolor, aquella experiencia me condujo hacia un espacio de luz imposible de describir con palabras.
Allí sentí la presencia de la Madre de Avalon.
Y fue ella quien me mostró algo que jamás olvidaré.
♥ ELLAS EMPEZARON A DARME SUS MENSAJES ♥
Primero apareció Madre Kwan Yin.
Su presencia me resultaba profundamente familiar.
Durante años había sentido una conexión muy especial con ella, especialmente a través de diferentes iniciaciones energéticas en las que su frecuencia siempre se hacía presente.
Con una inmensa dulzura, tomó mi mano.
Y me dijo que su rayo azul celeste caminaría siempre conmigo.
Después, frente a mí, apareció una esfera de luz, como una delicada pompa de jabón.
Dentro comenzó a formarse otra presencia.
Era Madre María.
Con el paso del tiempo comprendí que su energía sostiene una parte muy profunda de quien soy.
Recuerdo que, hace años, mi astrólogo me dijo una frase que nunca olvidé:
«Si tuviera que representar el arquetipo de la Madre en una mujer… te dibujaría a ti.»
En aquel momento no entendí del todo sus palabras.
Hoy sí.
Incluso mi propio nombre, Núria, parece formar parte de esa historia… aunque ese será un relato para otra carta.
Pero lo más hermoso aún estaba por llegar.
Frente a mí apareció una tercera esfera de luz.
Dentro había un bebé.
Confieso que aquello me desconcertó.
Permanecí observando en silencio.
Y entonces la imagen comenzó a alejarse, como cuando una cámara abre el plano.
Poco a poco dejé de ver al bebé…
Y apareció ella.
Mi madre.
La mujer que me llevó en su vientre.
La que me dio la vida.
La que me sostuvo como mejor supo.
La que me entregó TODO el amor que era capaz de ofrecer, incluso más…
Fue entonces cuando comprendí el regalo que la Madre de Avalon venía a mostrarme.
Las tres Madres Divinas que acompañan mi camino.
Kwan Yin, Madre María, Y mi madre terrenal.
Porque entendí que el Cielo tnos abraza a través de los brazos de una madre.
Y que, a veces, la revelación más sagrada no llega desde lo extraordinario… Sino, desde reconocer que lo divino siempre ha estado mucho más cerca de lo que imaginábamos.
Aquel día comprendí que ninguna de las tres estaba por encima de las otras.
Kwan Yin me enseñó la compasión, Madre María me recordó la ternura y el amor incondicional.
Y mi madre terrenal…
Ella fue la primera puerta por la que el Amor entró en mi vida.
Con sus luces y sus sombras, Con sus aciertos y sus errores, Con todo aquello que pudo dar desde su propia historia.
Porque hoy sé que una madre no solo nos entrega un cuerpo para habitar este mundo, también nos regala la primera oportunidad de aprender a amar.
Aquella visión cambió para siempre mi manera de mirar a mi madre.
Dejé de verla únicamente como la mujer que me educó y sobretodo, aprendí a valorar cualquier percepción de “menos” que pudiera vivir nuestra relación .
Comencé a verla como un alma que aceptó una misión inmensa: traerme hasta aquí.
Y desde ese día, cada vez que conecto con la Madre Divina… una parte de mi corazón también abraza profundamente a mi madre terrenal.
Gracias, mamá.
Gracias por abrirme la puerta de la vida.
Gracias por sostenerme cuando supiste cómo hacerlo.
Gracias también por aquello que no pudiste dar, porque fueron precisamente esos espacios los que me impulsaron a buscar, crecer y recordar quién soy.
Hoy puedo mirar tu camino con una comprensión que antes no tenía Y, sobre todo, con un amor mucho más grande.
Quizá ese fue el verdadero regalo que la Madre de Avalon vino a mostrarme.
Que el Cielo nunca estuvo separado de la Tierra.
Que lo Divino también se hizo presente en el abrazo de una mujer que me llevó en su vientre.
Y que honrar a mi madre… es también una forma de honrar la Vida.
Con todo mi amor.
Des d'Avalon,
Núria







